La rotura del tendón de Aquiles muchas veces ocurre sin que nadie golpee al deportista. Un cambio de ritmo, una salida explosiva, un paso hacia atrás para arrancar y, de repente, la sensación de que alguien te ha dado una patada por detrás. Te giras y no hay nadie.
Es una descripción que los fisioterapeutas hemos escuchado muchas veces.
Lo interesante es que ahora el análisis de vídeo está permitiendo estudiar qué estaba haciendo exactamente el deportista en los instantes inmediatamente anteriores a la rotura.
Una revisión sistemática publicada en agosto de 2026 ha analizado precisamente esto: vídeos de roturas del tendón de Aquiles ocurridas durante la práctica deportiva para comprobar si existen movimientos o posiciones que se repiten.
Y los resultados son interesantes, aunque hay que interpretarlos con prudencia. https://www.mdpi.com/2411-5142/11/3/309?utm_source
Rotura tendón de Aquiles: ¿cómo suele producirse?
El trabajo de Olivar y Kellis reunió 11 estudios publicados entre 2019 y 2026 que habían utilizado análisis de vídeo para estudiar roturas del Aquiles en deportistas, principalmente de baloncesto, fútbol y fútbol americano.
Una de las conclusiones más claras es que la mayoría de las roturas estudiadas se produjeron sin contacto directo.
Según los diferentes estudios incluidos en la revisión, entre el 64 % y el 100 % de las lesiones analizadas correspondían a mecanismos sin contacto.
Esto es importante porque todavía existe la idea de que para romper un tendón tiene que existir un traumatismo importante.
No necesariamente.
El propio deportista puede generar fuerzas suficientemente elevadas para superar en un momento determinado la capacidad que tiene el tendón para soportarlas.
Y ahí está una de las claves para entender esta lesión: no debemos mirar únicamente el movimiento. También tenemos que preguntarnos en qué condiciones se encontraba ese tendón cuando recibió la carga.
El momento más peligroso no siempre es un sprint
Cuando pensamos en una lesión grave del Aquiles podemos imaginar a un deportista corriendo a máxima velocidad.
Sin embargo, los vídeos analizados muestran otra situación que se repite con frecuencia: la aceleración desde una posición parada o casi parada.
Es decir, ese instante en el que queremos salir con fuerza.
Lo vemos constantemente en muchos deportes: baloncesto, fútbol, tenis, pádel o deportes de raqueta. El jugador está prácticamente detenido y necesita acelerar rápidamente para alcanzar un balón, defender, atacar o cambiar de posición.
En ese momento el tríceps sural —gemelos y sóleo— debe generar muchísima fuerza y transmitirla al pie a través del tendón de Aquiles.
El problema no parece ser simplemente «hacer fuerza», sino la combinación de la posición corporal, la velocidad con la que cambia esa posición y la capacidad del tendón para tolerar la carga.
El llamado “paso falso”: un movimiento que se repite
Uno de los hallazgos que más llama la atención es la aparición repetida de un movimiento conocido como false step, que podríamos traducir como paso falso o paso preparatorio hacia atrás.
Imagina que estás parado y quieres acelerar rápidamente hacia delante.
Antes de salir, uno de tus pies realiza un pequeño movimiento hacia atrás mientras el cuerpo comienza a desplazarse hacia delante.
Es un gesto completamente normal y utilizado por deportistas sanos continuamente.
El interés está en lo que sucede cuando coinciden determinadas posiciones.
El pie puede quedar situado por detrás del centro de masas mientras el tronco avanza. A partir de ahí, el tobillo progresa hacia dorsiflexión mientras rodilla y cadera modifican rápidamente su posición.
El tríceps sural tiene entonces que controlar y posteriormente impulsar una masa corporal que ya está desplazándose hacia delante.
Eso puede generar una carga muy elevada sobre el Aquiles.
Pero hay algo que debemos dejar claro: hacer este movimiento no significa que vayamos a rompernos el tendón.
Miles de deportistas realizan movimientos similares continuamente sin lesionarse. La revisión identifica una característica que aparece repetidamente en los vídeos de lesiones; no demuestra que podamos observar a alguien realizando ese gesto y afirmar que va a sufrir una rotura.
¿Qué posición aparece en el momento de la lesión?
Los estudios también analizaron los fotogramas correspondientes al momento estimado de la rotura.
Aunque existen diferencias entre deportes y entre los propios métodos de análisis, aparece una configuración bastante repetida:
- tronco inclinado hacia delante,
- cadera avanzando hacia extensión,
- rodilla extendiéndose o comenzando a flexionarse,
- tobillo entrando en dorsiflexión,
- y apoyo del pie relativamente plano o pronado.
La dorsiflexión del tobillo estuvo presente en todos los estudios que aportaron mediciones, con valores aproximados entre 25,3° y 47,9°.
¿Por qué puede ser relevante?
Porque mientras el cuerpo avanza sobre un pie apoyado, gemelos y sóleo deben controlar ese desplazamiento. El complejo músculo-tendón almacena y libera una enorme cantidad de energía durante estas acciones.
Si la demanda mecánica supera en ese instante la capacidad del tejido, puede producirse la lesión.
El movimiento es solo una parte de la historia
Aquí está probablemente la parte más importante del artículo.
Sería tentador concluir:
«Si evitamos esa posición, evitaremos la rotura».
Pero científicamente no podemos decirlo.
La revisión encuentra asociaciones entre determinadas situaciones biomecánicas y la rotura tendón de Aquiles, pero eso no significa que podamos predecir la lesión observando únicamente el movimiento.”
Además, un vídeo nos enseña cómo se movía el deportista.
No nos enseña cómo estaba su tendón.
Y eso cambia mucho las cosas.
Un tendón sano no responde igual que un tendón con menor capacidad
En consulta intento explicar esto de una manera sencilla.
El riesgo no depende únicamente de la carga. Depende de la relación entre la carga que aplicamos y la capacidad que tiene el tejido para soportarla.
Dos personas pueden realizar exactamente el mismo movimiento y obtener respuestas completamente diferentes.
Entre los factores relacionados con la rotura del Aquiles se han señalado la edad, el sexo, antecedentes de tendinopatía, determinadas enfermedades sistémicas, factores genéticos, algunos medicamentos y posiblemente diferentes circunstancias relacionadas con el entrenamiento y el contexto deportivo.
Por eso me interesa especialmente conocer la historia que hay detrás del dolor.
No es lo mismo un corredor que lleva meses entrenando con normalidad que otro que ha aumentado mucho los kilómetros durante las últimas semanas.
Tampoco es igual un deportista que empieza a notar rigidez matutina en el Aquiles que alguien completamente asintomático.
La biomecánica importa, pero la capacidad del tejido y la gestión de las cargas también.
“Me molesta el Aquiles, ¿se me puede romper?”
Esta es una preocupación que veo con frecuencia en consulta, especialmente entre corredores.
La respuesta no puede reducirse a sí o no.
Tener una tendinopatía no significa que el tendón vaya a romperse. Y tampoco todas las roturas están precedidas por síntomas que permitan anticiparlas.
Lo que sí merece atención es un Aquiles que empieza a cambiar su comportamiento.
Por ejemplo:
rigidez al levantarnos por la mañana, dolor en los primeros pasos, molestias al comenzar a correr que después disminuyen, pérdida de fuerza, dolor después del entrenamiento o una tolerancia cada vez menor a las sesiones intensas.
No porque esos síntomas anuncien necesariamente una rotura, sino porque pueden indicar que el tendón no está tolerando bien las cargas que estamos aplicando.
Ahí tenemos margen para actuar.
Lo que veo frecuentemente en corredores
Como fisioterapeuta y también como corredor, hay una situación que encuentro especialmente interesante.
Muchas veces el problema no aparece porque alguien haya hecho «un movimiento malo».
El corredor me cuenta algo parecido a esto:
«Estaba perfectamente y de repente me empezó a molestar.»
Pero cuando repasamos las semanas anteriores descubrimos que ha aumentado kilómetros, ha introducido series, ha empezado a correr más rápido, ha cambiado de zapatillas, ha añadido cuestas o ha retomado los entrenamientos después de varias semanas parado.
Individualmente, ninguna de esas cosas tiene por qué ser perjudicial.
El problema puede estar en cuánto hemos cambiado y en cuánto tiempo.
Por eso, cuando valoro un Aquiles, no me interesa únicamente dónde duele. Quiero saber qué ha ocurrido durante las semanas anteriores.
¿Podemos entrenar para proteger el tendón de Aquiles?
No existe un ejercicio capaz de garantizar que nunca sufriremos una rotura. https://ignaciolorentefisioterapia.com/ejercicio-excentrico-aquiles-madrid/
Pero sí podemos trabajar para que el sistema músculo-tendinoso tenga más capacidad para afrontar las demandas del deporte. Cuando hablamos de prevenir una rotura tendón de Aquiles, por tanto, no deberíamos centrarnos únicamente en corregir un gesto, sino también en mejorar la capacidad del tendón y del tríceps sural para soportar cargas elevadas.”
El entrenamiento de fuerza del tríceps sural es una pieza fundamental.
Y no hablo únicamente de hacer unas elevaciones de talones de vez en cuando.
Dependiendo del deportista y de su deporte puede ser necesario trabajar el sóleo, el gastrocnemio, diferentes velocidades de contracción y progresivamente acciones más rápidas y específicas.
Porque un corredor, un jugador de pádel y un jugador de baloncesto no someten al Aquiles exactamente a las mismas demandas.
La rehabilitación y la prevención tienen que acercarse progresivamente a aquello que después queremos hacer.
Si quiero volver a correr, tengo que preparar el tendón para correr.
Si quiero volver a realizar cambios de dirección, tendré que recuperar la capacidad para frenar y acelerar.
Y si mi deporte exige acciones explosivas, en algún momento de la progresión tendré que volver a entrenarlas.
El objetivo no debería ser evitar para siempre el movimiento que nos da miedo, sino desarrollar suficiente capacidad para realizarlo.
Mitos frecuentes sobre la rotura del Aquiles
“El Aquiles solo se rompe por un golpe.”
No. La evidencia disponible muestra que muchas roturas deportivas se producen sin contacto.
“Si tengo una tendinopatía acabaré rompiéndome el tendón.”
No. Una tendinopatía merece valoración y tratamiento, pero no significa que inevitablemente vaya a producirse una rotura.
“Si tengo buena movilidad de tobillo estoy protegido.”
Tampoco. La movilidad es solo una parte de un sistema mucho más complejo.
“Hay un movimiento concreto que rompe el Aquiles.”
No podemos afirmarlo. Existen configuraciones que aparecen repetidamente en las lesiones estudiadas, pero eso no convierte un determinado gesto en la causa única de la rotura.
“Para proteger el Aquiles tengo que evitar cargarlo.”
En la mayoría de las situaciones ocurre justo lo contrario: necesitamos encontrar una carga adecuada para conseguir que el complejo músculo-tendón sea capaz de tolerar progresivamente más demanda.
Cuándo acudir al fisioterapeuta
No hace falta esperar a que el dolor sea incapacitante. La valoración precoz también puede ayudarnos a identificar factores modificables relacionados con la carga y la función antes de que el problema limite cada vez más el deporte, aunque no exista una prueba capaz de predecir una rotura tendón de Aquiles.”
Si practicas deporte y notas que el Aquiles lleva varias semanas molestando, aparece rigidez repetidamente al levantarte, has perdido capacidad para correr o saltar, o cada vez toleras peor las cargas de entrenamiento, merece la pena valorarlo.
En consulta no me limito a tratar el punto donde duele.
Valoro movilidad, fuerza del tríceps sural, capacidad de carga, características del deporte y, especialmente, qué ha ocurrido con el entrenamiento durante las semanas anteriores.
Cuando está indicado, la ecografía musculoesquelética puede aportar además información complementaria sobre el tendón, siempre interpretándola junto con los síntomas y la exploración clínica.
Porque una imagen por sí sola tampoco decide cómo funciona un tendón.
¿Podemos anticipar una rotura del tendón de Aquiles?
Todavía no podemos mirar a un deportista correr y decir: «con ese movimiento vas a romperte el Aquiles».
Y conviene desconfiar de quien prometa algo parecido.
Lo que sí está haciendo el análisis de vídeo es ayudarnos a comprender mejor en qué situaciones se producen las roturas.
La revisión de Olivar y Kellis muestra que muchas aparecen sin contacto, frecuentemente durante aceleraciones desde posiciones prácticamente estacionarias y con determinadas configuraciones de tobillo, rodilla, cadera y tronco que se repiten entre diferentes casos.
El siguiente paso será entender mejor por qué un deportista realiza ese movimiento cientos o miles de veces sin ningún problema y, en un momento determinado, el tendón falla.
Probablemente la respuesta no esté exclusivamente en la biomecánica ni exclusivamente en el tendón.
Estará en la interacción entre movimiento, fuerza, velocidad, carga deportiva y capacidad del tejido.
Y ahí es donde la fisioterapia y el entrenamiento bien planteado pueden tener mucho que aportar.
Conclusión
La rotura del tendón de Aquiles es una lesión compleja y no existe un único movimiento culpable.
Los estudios mediante vídeo nos están permitiendo conocer cada vez mejor qué ocurre durante los instantes previos a una rotura, pero debemos evitar convertir esos hallazgos en reglas demasiado simples.
Para mí, la aplicación clínica es clara: no debemos buscar obsesivamente «el gesto peligroso». Debemos conseguir que el deportista tenga suficiente capacidad física para tolerar los gestos que su deporte le exige.
Porque la pregunta que me interesa no es únicamente cómo te mueves, sino también si tu tendón está preparado para soportar lo que le estás pidiendo.
Si tienes molestias en el tendón de Aquiles y quieres volver a correr o entrenar con seguridad, podemos valorar tu caso en Ignacio Lorente Fisioterapia Madrid, en el barrio de Fuente del Berro, Distrito Salamanca.
El objetivo no es decirte que dejes de hacer deporte por miedo a lesionarte. Es averiguar qué está ocurriendo, recuperar la capacidad del tendón y ayudarte a volver progresivamente a aquello que quieres hacer.

