Dolor de talón al levantarse: ¿por qué duele tanto al dar los primeros pasos?

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El dolor de talón en los primeros pasos de la mañana es frecuente en personas con dolor plantar de talón.

Dolor de talón al levantarse: ¿por qué duele tanto al dar los primeros pasos?

El dolor de talón al levantarse por la mañana es uno de esos problemas que muchos pacientes aguantan durante semanas pensando que terminará desapareciendo solo.

La historia suele ser bastante parecida.

Te levantas de la cama, apoyas el pie y los primeros pasos son horribles. Caminas un poco y parece que mejora. Durante el día puedes hacer una vida relativamente normal, pero después de estar un rato sentado vuelve a doler al levantarte.

Si además corres, puede ocurrir algo todavía más desconcertante: al principio de la carrera duele, después entras en calor y prácticamente desaparece, pero unas horas más tarde vuelve a molestarte.

En consulta veo este patrón con bastante frecuencia.

Y aunque muchas personas llegan diciendo directamente “tengo fascitis plantar”, conviene no darlo por hecho. No todo dolor debajo del talón procede de la fascia plantar y, sobre todo, no todos los pacientes necesitan el mismo tratamiento.

Dolor de talón: ¿por qué aparece al levantarte?

El dolor intenso durante los primeros pasos después de levantarnos de la cama o después de un periodo de reposo es muy característico del dolor plantar de talón, frecuentemente relacionado con la fascia plantar.

La fascia plantar es una estructura resistente situada en la planta del pie que participa en el soporte del arco y en la transmisión de fuerzas cuando caminamos o corremos.

Cuando esa zona pierde temporalmente capacidad para tolerar las cargas que recibe, pueden aparecer síntomas.

Por eso prefiero explicárselo al paciente como un problema entre carga y capacidad y no simplemente como una fascia “inflamada”.

Has aumentado los kilómetros corriendo.

Has empezado a caminar mucho más.

Has cambiado de calzado.

Llevas unas semanas trabajando muchas horas de pie.

Has empezado a jugar al pádel tres días por semana cuando antes jugabas uno.

O, sencillamente, la capacidad del tejido para soportar determinadas cargas ha disminuido.

El problema no siempre es que estés haciendo algo perjudicial. A veces has aumentado la carga demasiado deprisa para la capacidad que tenía tu pie en ese momento.


¿Es realmente una fascitis plantar?

Aquí merece la pena hacer una aclaración.

Durante muchos años hemos utilizado prácticamente para todo el término fascitis plantar, dando a entender que existía necesariamente una inflamación de la fascia.

Actualmente solemos hablar también de dolor plantar de talón, porque la realidad clínica es algo más compleja.

El diagnóstico no debería hacerse simplemente porque “me duele debajo del talón”.

Hay que valorar dónde está exactamente el dolor, cuándo aparece, cómo responde a la carga, cuánto tiempo lleva presente y qué ocurre al explorar el pie, el tobillo y el resto de la extremidad.

Además, existen otras posibles causas de dolor en esa zona.

Por ejemplo:

  • irritación de la almohadilla grasa del talón;
  • afectación nerviosa;
  • fractura por estrés del calcáneo;
  • dolor referido desde otras estructuras;
  • problemas relacionados con el tendón de Aquiles;
  • otras alteraciones menos frecuentes.

Por eso, antes de empezar a hacer ejercicios encontrados en internet, lo primero debería ser saber qué estructura está provocando realmente los síntomas.


El espolón calcáneo no siempre es el culpable

Esta es una de las dudas que más escucho.

«Me han hecho una radiografía y tengo un espolón.»

Y muchas veces el paciente está convencido de que ese pequeño crecimiento óseo es el responsable de todo.

No necesariamente.

Puedes tener un espolón y no sentir absolutamente nada. Encontrarlo en una radiografía no significa automáticamente que sea la causa del dolor.

Esto es importante porque la imagen que recibe el paciente condiciona mucho cómo se comporta.

Si piensas que tienes “un pico de hueso clavándose en el pie”, probablemente caminarás con miedo y buscarás desesperadamente una forma de eliminarlo.

La situación suele ser bastante menos dramática.

En consulta no trato una radiografía. Intento averiguar por qué ese pie está doliendo y qué necesita para volver a tolerar las actividades habituales.


¿Tengo que dejar de caminar o correr?

No necesariamente.

Y este punto es especialmente importante en corredores.

Como corredor, entiendo perfectamente la preocupación que aparece cuando empieza a doler el talón:

«¿Tengo que dejar de correr?»

Mi primera opción no suele ser prohibir automáticamente la carrera.

Lo que tenemos que averiguar es cuánta carga tolera actualmente el pie.

No es lo mismo un corredor que siente una molestia de 2 sobre 10, puede entrenar y al día siguiente está igual, que otro que termina cojeando y cada mañana se levanta peor.

En algunos casos basta con reducir temporalmente volumen o intensidad. En otros puede ser necesario modificar durante unas semanas el entrenamiento.

Lo importante es que la decisión tenga un criterio.

El objetivo no debería ser descansar indefinidamente hasta que desaparezca cualquier molestia, sino recuperar progresivamente la capacidad del pie para soportar carga.


¿Qué tratamiento funciona mejor?

Una de las revisiones más interesantes sobre este problema fue publicada en el British Journal of Sports Medicine. Los autores combinaron ensayos clínicos, experiencia de especialistas y opiniones de pacientes para establecer una estrategia de tratamiento.

La base inicial incluía tres elementos:

educación y control de las cargas, estiramientos específicos de la fascia plantar y vendaje cuando está indicado.

También se recomienda valorar individualmente el calzado y las actividades que están provocando mayor carga.

Esto encaja bastante con lo que hago en consulta.

Primero intento identificar qué ha cambiado.

Después buscamos formas de mantener la actividad sin irritar continuamente la zona y vamos introduciendo estímulos que permitan recuperar su capacidad.

No se trata únicamente de “soltar la fascia”.

Y tampoco de hacer diez tratamientos diferentes a la vez. https://bjsm.bmj.com/content/55/19/1106?utm_source


¿Sirven los ejercicios?

El ejercicio puede formar parte del tratamiento, pero hay algo que considero fundamental: la dosis.

Decirle a alguien que fortalezca gemelos o músculos del pie es sencillo.

Saber cuánto, cuándo y cómo progresarlo es otra cosa.

Una persona que lleva seis meses con dolor y otra que empezó hace diez días probablemente no necesitan exactamente lo mismo.

También hay que valorar la movilidad del tobillo, la fuerza de la pantorrilla, el comportamiento del pie durante la carga y las demandas reales del paciente.

Porque el objetivo tampoco es igual para todos.

Una persona puede querer simplemente volver a caminar una hora sin dolor.

Otra puede decirme:

«Quiero volver a correr.»

Y otra:

«Tengo una media maratón dentro de tres meses y quiero poder prepararla.»

El tratamiento tiene que adaptarse a ese objetivo.


¿Y las ondas de choque?

Las ondas de choque pueden ser una herramienta interesante, especialmente cuando hablamos de síntomas persistentes que no están respondiendo adecuadamente al tratamiento inicial.

La evidencia disponible respalda su utilización en determinados pacientes con dolor plantar de talón persistente.

Pero esto no significa que cualquier persona que entre por la puerta con dolor en el talón necesite ondas de choque.

En mi consulta de fisioterapia en Madrid las utilizo cuando considero que pueden aportar algo dentro del tratamiento.

No sustituyen al control de cargas, al ejercicio ni a entender por qué apareció el problema.

Son una herramienta, no el tratamiento completo.


Mitos frecuentes sobre la fascitis plantar

“Tengo que dejar de andar hasta que desaparezca.”

Normalmente no. Hay que adaptar la carga, no eliminar necesariamente toda actividad. https://ignaciolorentefisioterapia.com/caminar-descalzo-playa/

“Tengo un espolón, por eso me duele.”

Puede existir un espolón sin provocar síntomas. Una imagen no determina por sí sola la causa del dolor.

“Tengo que estirar continuamente la planta del pie.”

Los estiramientos específicos pueden ayudar, pero hacerlos sin una estrategia de carga no resuelve todos los casos.

“Si llevo seis meses así ya será crónico para siempre.”

No. Llevar mucho tiempo con dolor puede hacer que la recuperación necesite más paciencia y una progresión mejor planteada, pero no significa que el pie esté condenado a doler.

“Una plantilla solucionará el problema.”

Las ortesis pueden resultar útiles en determinados pacientes, especialmente para modificar temporalmente las cargas, pero no deberían considerarse automáticamente la solución para todo dolor de talón.


¿Cuándo acudir al fisioterapeuta?

Si llevas varios días con molestias leves y están disminuyendo progresivamente, probablemente no necesitas alarmarte.

Pero merece la pena valorar el problema cuando el dolor de talón empieza a limitarte, cada mañana duele más, has dejado de hacer deporte por miedo o llevas varias semanas esperando una mejoría que no llega.

También conviene consultar si el dolor apareció después de aumentar de forma importante tu entrenamiento o si no puedes apoyar el pie con normalidad.

En esos casos es especialmente importante descartar otras causas antes de asumir que todo es una fascitis plantar.

Una pregunta bastante habitual en consulta es:

«¿Y si esto no mejora porque llevo demasiado tiempo así?»

El tiempo de evolución importa, pero no es una sentencia.

Después de más de veinte años trabajando en consulta he visto muchos pacientes que llevaban meses con dolor y habían probado plantillas, masajes, antiinflamatorios, pelotas debajo del pie y semanas de reposo.

Muchas veces no necesitaban añadir otra técnica.

Necesitaban entender mejor qué estaba manteniendo el problema y establecer una progresión adecuada.


Volver a caminar, entrenar o correr sin pensar constantemente en el talón

El objetivo del tratamiento no debería ser únicamente conseguir que hoy te duela menos.

Quiero que puedas levantarte de la cama sin estar esperando ese primer pinchazo.

Que vuelvas a caminar con normalidad.

Y si eres corredor, que puedas entrenar sin estar comprobando el talón después de cada salida.

Para conseguirlo necesitamos saber qué está ocurriendo, ajustar temporalmente aquello que está sobrecargando el pie y recuperar progresivamente su capacidad.

En mi consulta de fisioterapia en Fuente del Berro, Distrito Salamanca (Madrid) valoro este tipo de problemas tanto en corredores como en personas que simplemente quieren volver a caminar y hacer su vida normal sin dolor.

Si llevas semanas con dolor en el talón y no sabes si tienes una fascitis plantar o qué deberías hacer, puedes pedir cita para que valoremos tu caso y planteemos el tratamiento en función de lo que encontremos.

Ignacio Lorente
Fisioterapeuta y Osteópata D.O.