El dolor de hombro no siempre necesita una resonancia, una ecografía o una radiografía para saber qué hacer. Y esto puede resultar extraño, sobre todo cuando llevas semanas con dolor, no puedes dormir sobre ese lado o levantar el brazo se ha convertido en un problema.
En consulta escucho con frecuencia algo parecido a esto:
“Me duele desde hace dos meses y todavía no me han hecho una resonancia.”
Entiendo perfectamente la preocupación. Cuando algo duele queremos saber qué está pasando dentro. Parece lógico pensar que cuanto antes tengamos una imagen, antes encontraremos la causa y antes podremos solucionarla.
El problema es que en el hombro las cosas no siempre funcionan así.
La investigación de los últimos años está cuestionando precisamente esa forma de abordar muchos dolores de hombro: buscar primero una estructura dañada y tratar después de corregirla.
No significa que las pruebas de imagen no sirvan. Sirven, y mucho, cuando están indicadas. Significa que hacer una resonancia o una ecografía a todo hombro que duele puede aportar menos información de la que pensamos.
Dolor de hombro: una imagen no siempre explica el dolor
Una de las cosas que más cuesta explicar en consulta es que encontrar algo en una resonancia no significa necesariamente haber encontrado la causa del dolor.
Podemos ver tendinopatías, cambios degenerativos, calcificaciones e incluso roturas del manguito rotador en personas que no tienen ningún síntoma.
Una revisión sistemática publicada en 2025 analizó 53 estudios sobre alteraciones del manguito rotador encontradas mediante ecografía o resonancia en hombros asintomáticos. Los investigadores encontraron que este tipo de hallazgos pueden aparecer también en personas sin dolor y que su frecuencia varía mucho según la edad y la población estudiada. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41308021/?utm_source
Por eso una frase como:
“Tienes una lesión en el supraespinoso.”
necesita bastante contexto.
La pregunta realmente importante es:
¿Ese hallazgo explica lo que le ocurre a esa persona?
Después de más de 20 años trabajando en consulta, esto es algo que veo con frecuencia. Llega un paciente preocupado porque en su informe aparecen palabras como “tendinosis”, “rotura parcial”, “bursitis” o “degeneración”.
Pero cuando exploras el hombro, analizas cuándo duele, qué movimientos tolera, qué fuerza tiene, cómo se comporta el cuello y cómo ha evolucionado el problema, la imagen es solo una pieza más del puzle. https://ignaciolorentefisioterapia.com/contractura-cuello-no-se-quita-madrid/
No el puzle completo.
Entonces, ¿las resonancias y ecografías no sirven?
Claro que sirven.
El error sería pasar de hacer demasiadas pruebas a pensar que nunca son necesarias.
Una prueba de imagen puede estar perfectamente indicada ante determinados traumatismos, sospecha de fractura, luxación, pérdida importante de fuerza, sospecha de una rotura traumática relevante o cuando la evolución clínica no es la esperada y necesitamos más información para tomar decisiones.
También hay situaciones en las que debemos descartar que el dolor ni siquiera proceda del hombro.
Un dolor que aparece en esa zona puede tener origen cervical y, en determinadas circunstancias mucho menos frecuentes, estar relacionado con otras patologías que requieren valoración médica.
Por eso el primer paso no debería ser decidir qué prueba hacemos.
Debería ser hacer una buena historia clínica y una buena exploración.
Lo que pone una resonancia puede asustar más de lo que ayuda
Esto me parece especialmente importante.
Las palabras importan.
No recibe igual un paciente la frase:
“Tienes el tendón roto y el hombro desgastado.”
que una explicación del tipo:
“En la imagen aparecen cambios en el tendón, pero este tipo de cambios también pueden encontrarse en personas que no tienen dolor. Vamos a comprobar si realmente tienen relación con tus síntomas y qué capacidad tiene ahora mismo tu hombro.”
La segunda explicación no oculta información. Simplemente la pone en contexto.
Y eso importa porque una persona que piensa que tiene un hombro “roto” puede empezar a protegerlo constantemente, evitar movimientos y abandonar actividades que probablemente podría seguir haciendo.
No se trata de decirle al paciente que “no tiene nada”.
Si duele, hay un problema.
Se trata de no confundir automáticamente dolor con daño estructural.
¿Hay que dejar de mover el hombro cuando aparece dolor de hombro?
En la mayoría de los cuadros habituales, no.
Otra cosa diferente es adaptar temporalmente aquello que está irritando demasiado los síntomas.
Imaginemos una situación bastante frecuente: una persona que entrena en gimnasio empieza a notar dolor al hacer press militar. Durante unos días continúa entrenando exactamente igual porque piensa que “ya se pasará”. El hombro cada vez está más sensible y finalmente deja de entrenar por completo.
Entre seguir haciendo exactamente lo mismo y dejar de mover el brazo durante semanas hay muchas opciones.
Podemos reducir cargas, modificar el rango de movimiento, cambiar temporalmente algunos ejercicios y mantener otros que se toleren bien.
Eso es automanejo.
Y no significa decirle al paciente: “haz unos ejercicios en casa y espera”.
Significa enseñarle a entender qué le ocurre y darle herramientas para recuperar progresivamente la capacidad del hombro.
¿Qué papel tiene entonces la fisioterapia?
Para mí, aquí está una de las partes más interesantes de este cambio de enfoque.
El objetivo de la fisioterapia no debería ser simplemente “quitar una contractura” o aplicar tratamientos sobre una estructura que aparece alterada en una resonancia.
Primero hay que entender el problema.
En mi consulta de fisioterapia en Fuente del Berro, en el Distrito Salamanca de Madrid, valoro aspectos como la movilidad del hombro, fuerza, tolerancia a diferentes cargas, movimientos que reproducen los síntomas, columna cervical, actividad deportiva o laboral y evolución del dolor.
Y después hay algo fundamental: saber qué quiere recuperar esa persona.
No necesita lo mismo alguien que quiere poder dormir sin dolor que una persona que practica pádel cuatro días por semana, nada, escala o entrena fuerza.
Muchas veces el objetivo que escucho es muy sencillo:
“Quiero volver a entrenar sin miedo.”
Ese objetivo debe formar parte del tratamiento.
Ejercicio sí, pero no cuatro ejercicios iguales para todo el mundo
El ejercicio terapéutico tiene un papel importante en muchos problemas del manguito rotador, pero prescribir ejercicio no consiste en entregar una hoja estándar.
Hay pacientes que llegan con mucho dolor y poca tolerancia a la carga. Otros prácticamente tienen toda la movilidad pero el hombro falla cuando aumentan la intensidad del entrenamiento. Otros llevan seis meses evitando utilizar el brazo porque creen que cada episodio de dolor significa que están lesionando más el tendón.
La progresión debe ser diferente.
Podemos trabajar movilidad cuando sea necesario, recuperar fuerza del manguito rotador y de la musculatura escapular, mejorar la tolerancia progresiva a la carga y, finalmente, acercar los ejercicios a las demandas reales del paciente.
Un jugador de pádel necesita tolerar acciones rápidas por encima de la cabeza.
Una persona que trabaja ocho horas frente al ordenador tiene otras necesidades.
Y alguien que quiere volver a levantar peso por encima de la cabeza necesita recuperar precisamente esa capacidad.
El objetivo no es conseguir un hombro que no haga nada y no duela.
Es conseguir un hombro capaz de volver a hacer aquello que necesitas.
¿Qué ocurre cuando el dolor de hombro dura meses?
Esta es otra preocupación habitual:
“¿Y si esto no mejora porque llevo demasiado tiempo así?”
Que el dolor lleve meses no significa automáticamente que el hombro esté cada vez más deteriorado ni que ya sea demasiado tarde para recuperarlo.
Sí puede hacer que el tratamiento sea algo más complejo.
Cuando un problema se prolonga entran en juego más factores: reducción de actividad, pérdida de fuerza, miedo a determinados movimientos, cambios en las cargas, sueño, expectativas e incluso tratamientos anteriores que no han funcionado.
Por eso, en un dolor persistente, muchas veces necesitamos mirar bastante más allá del punto exacto donde duele.
¿Operarse crea realmente “más espacio” en el hombro?
Durante muchos años fue habitual explicar algunos dolores de hombro como un problema de “pinzamiento”: determinadas estructuras rozaban porque había poco espacio y una cirugía podía ampliar ese espacio.
La explicación parece lógica.
Pero cuando una teoría se pone a prueba, a veces los resultados obligan a cambiarla.
El ensayo FIMPACT comparó la descompresión subacromial con una cirugía placebo y con tratamiento mediante ejercicio. Su seguimiento a 10 años, publicado en The BMJ en 2025, no encontró un beneficio clínicamente relevante de la descompresión frente a la cirugía placebo ni frente al ejercicio. https://www.bmj.com/content/391/bmj-2025-086201?utm_source
Esto no significa que ninguna patología del hombro necesite cirugía.
Significa algo mucho más concreto: ante el dolor subacromial habitual, encontrar una alteración anatómica no implica automáticamente que haya que “arreglarla” quirúrgicamente.
Y me parece una diferencia fundamental.
Mitos frecuentes sobre el dolor de hombro
“Si en la resonancia aparece una rotura, esa es la causa de mi dolor.”
No necesariamente. Las alteraciones del manguito rotador también aparecen en personas sin síntomas. Hay que relacionar la imagen con la historia y la exploración.
“Si me duele al levantar el brazo, lo mejor es no levantarlo.”
No como norma general. En muchos casos interesa modificar temporalmente la carga y después recuperar progresivamente ese movimiento.
“Una bursitis significa que tengo la bursa dañada.”
La presencia de cambios en una estructura no explica por sí sola todo el cuadro clínico.
“Si llevo seis meses así, terminaré operándome.”
No necesariamente. La duración del problema es importante, pero por sí sola no determina que el tratamiento conservador vaya a fracasar.
“Si el ejercicio me molesta un poco, estoy empeorando la lesión.”
No siempre. Dependiendo del problema y de la respuesta posterior, cierto nivel de molestia durante algunos ejercicios puede ser compatible con una progresión adecuada. Hay que individualizarlo.
Cuándo acudir al fisioterapeuta
No necesitas esperar a que el dolor sea insoportable.
Conviene valorar el hombro si el dolor persiste, limita movimientos habituales, dificulta dormir, aparece repetidamente al entrenar, notas pérdida de fuerza o has dejado de hacer determinadas actividades por miedo a empeorarlo.
También es importante consultar después de un traumatismo relevante, especialmente si aparece una pérdida brusca de movilidad o fuerza.
Y si durante la valoración encontramos signos que hagan pensar que el problema requiere estudio médico o una prueba de imagen, el siguiente paso será precisamente ese.
Una buena fisioterapia no consiste en tratar absolutamente todo.
También consiste en saber cuándo debemos derivar.
Menos obsesión por la imagen y más atención a la persona
La investigación actual sobre el hombro nos está dejando una idea que, en realidad, es bastante sencilla.
Una resonancia puede enseñarnos perfectamente cómo están determinadas estructuras.
Pero no puede contarnos por sí sola por qué te duele, qué movimientos puedes realizar, cuánto peso toleras, qué te preocupa o qué necesitas volver a hacer.
Para saber todo eso hay que escuchar y explorar al paciente.
Las pruebas de imagen son extraordinariamente útiles cuando responden a una pregunta clínica concreta. El problema aparece cuando hacemos primero la prueba y después intentamos explicar todos los síntomas a partir de lo que encontramos.
Después de tantos años tratando pacientes, cada vez doy más importancia a algo aparentemente básico: explorar bien, explicar bien y conseguir que el paciente entienda qué puede hacer para participar activamente en su recuperación.
¿Te duele el hombro y no sabes qué hacer?
Si tienes dolor de hombro, llevas tiempo sin poder entrenar con normalidad o tienes una resonancia o ecografía llena de términos que no sabes cómo interpretar, podemos valorarlo.
Soy Ignacio Lorente, fisioterapeuta y Osteópata D.O.
En mi consulta de fisioterapia en Fuente del Berro, Distrito Salamanca (Madrid) podemos valorar qué está limitando realmente tu hombro y establecer un plan para recuperar movimiento, fuerza y confianza.
El objetivo no es tratar una resonancia.
Es conseguir que vuelvas a utilizar tu hombro con normalidad.

